Tan solo dos meses habían pasado desde que comenzó el año 2014 cuando una polémica columna de opinión se publicó en un reconocido diario peruano causando una fuerte repercusión social. Una dura revelación en contra del Sodalicio de Vida Cristiana (en adelante SVC) revelaba lo cerca que estuvo este columnista de ser una víctima más de los abusos cometidos por esta sociedad de vida apostólica.
Cuando tenía apenas 9 años, el actor y columnista de La República, Jason Day, contó cómo a tres días de celebrar la primera comunión fue separado de su grupo por un cura quien no hacía más que incomodarlo acercándose más de la cuenta, tomándolo de la mano mientras jugaba con sus dedos y haciéndole preguntas personales sobre su familia y amigos. Por suerte, Day no estuvo ajeno a la situación y pudo librarse de algo que hubiese cambiado el rumbo de su vida. No todos corrieron con la misma suerte que tuvo el actor; sin embargo, esta historia demuestra que nadie estaba libre de sufrir un trauma como el que muchas personas sufrieron. Day fue uno de los primeros en denunciar públicamente este hecho y sirve como punto de partida para contar la historia de la búsqueda de justicia de cientos de víctimas que sufren hasta ahora por el trauma que les causó el Sodalicio de Vida Cristiana, quienes, ‘en nombre de Dios’, abusaron de ellos.
Cuatro años antes, en el 2010, el periodista Pedro Salinas, ex miembro del SVC y autor del libro ‘Mitad monjes, mitad soldados’, que es de donde viene la historia que estoy a punto de contarles, se reunió con un viejo amigo suyo del SVC a quien no veía hace mucho tiempo con la excusa de poder mantener una conversación sobre la próxima renuncia de Luis Fernando Figari, líder máximo del Sodalicio, al cargo de superior general del mismo. Lo que Salinas no sabía, era que esa conversación sería, en realidad, una revelación. El tema de conversación giraba en torno a que la beatificación de Germán Doig, el número de dos del Sodalicio hasta su muerte en 2001, había sido frenada debido que no había alcanzado el grado de ´virtudes heroicas’, tal como había sido declarado oficialmente. La verdadera razón de que no se haya dado la beatificación de Doig era mucho más fuerte y tenía que ver con casos de abuso sexual. ¿Cómo sabía Salinas que su amigo le decía la verdad? Pues, en ese momento, ya no estaba hablando solo con su amigo, sino con una víctima más de estos abusos. La historia que le contó era muy fuerte y desgarradora. Doig lo engañaba enseñándole “ejercicios de transferencia de energía” en donde aprovechaba para abrazarlo y besarlo, afirmando que se trataba de algo natural, pero la parte más fuerte fue cuando Doig le pidió que lo penetrara a modo de “experimentación para ayudar a otros aconsejados”, causándole un trauma permanente. La historia fue un golpe duro para Salinas quien, en ese momento, decidió seguir investigando y contactando a más víctimas del Sodalicio para conocer sus historias y, por ello, decidió contactar a Paola Ugaz, también periodista, para que lo ayude en el resto de la investigación que se narra en las páginas del libro que mencione al iniciar este párrafo.
En octubre del 2015, Salinas presenta el libro ´Mitad monjes, mitad soldados’, el cual reúne treinta testimonios de ex miembros del Sodalicio que fueron víctimas de abusos tanto físicos como psicológicos por parte de Luis Fernando Figari y otros miembros del SVC. A raíz de la publicación de este libro, Pablo Sánchez, el fiscal de la Nación, abre una investigación de oficio contra Figari, Germán Doig y Daniel Murguía por delitos de contenido sexual, y la dejó en manos de la 26 fiscalía, a cargo de la doctora María del Pilar Peralta. La investigación se llevó a cabo a fines del 2015 pero no trascendió debido a la muerte de Doig, a que Murguía ya había sido procesado, y absuelto, por un delito similar y que los delitos de abuso sexual ya habían sido prescritos, puesto que se habían dado en la década de los ochenta y principios de los noventa.
Sin embargo, posterior al cierre de las investigaciones, en el 2016, cinco ex miembros del Sodalicio (José Enrique Escardó, Martin Lopez de Romaña, su hermano Vicente López de Romaña, Oscar Osterling y Pedro Salinas), deciden acudir a Benites, Forno y Ugaz Abogados para presentar una denuncia penal en contra de la cúpula fundacional del Sodalicio. El 10 de mayo del presente año, presentan una denuncia ampliatoria a la 26 fiscalía en contra de Figari, Jaime Baertl, Virgilio Levaggi, José Ambrozic, José Antonio Eguren, Eduardo Regal, Óscar Tokumura, Erwin Scheuch, acusándolos de tres delitos: secuestro, lesiones graves psíquicas y asociación ilícita para delinquir, organización criminal.
El Sodalicio tiene miembros que son parte de la élite limeña y cuenta con mucha influencia a nivel internacional, por lo que las esperanzas de que el caso prospere son escasas. Por el momento se espera el fallo respectivo, para que se haga justicia por todo el daño que esta ‘asociación religiosa’ ha causado.
Crónica por: Juan Pablo Peña
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